Moda
El queso feta ha pasado de ser un ingrediente para la ensalada griega a convertirse en uno de los quesos favoritos y más saludables para distintos platillos. Su textura desmoronable, su característico sabor salado y el hecho de que le va bien tanto con ingredientes dulces como salados, lo coronan como el rey absoluto de la cocina mediterránea..
Por si esto fuera poco, el feta es una fuente interesante de proteína, calcio, vitaminas y minerales, además de contener probióticos. Una onza, aproximadamente 28 gramos, tiene 76 calorías, 5.3 gramos de proteína, 5.3 gramos de grasa y 140 miligramos de calcio. Eso sí, también contiene alrededor de 312 miligramos de sodio por onza, por lo que la cantidad que consumimos importa.
Un queso con una historia milenaria
Antes de hablar de sus propiedades, vale la pena recordar que el feta es mucho más que una tendencia gastronómica. Es un alimento profundamente ligado a la cultura griega y lleva siglos formando parte de su cocina. Tradicionalmente se prepara con leche de oveja o con una combinación de leche de oveja y cabra, y su sabor intenso proviene en buena medida del proceso de conservación en salmuera.
Existe además una diferencia entre el auténtico feta griego y los quesos que simplemente utilizan ese nombre para describir un producto similar. Desde 2002, el feta griego cuenta con denominación de origen protegida dentro de la Unión Europea, lo que significa que, para considerarse auténtico, debe producirse en Grecia y contener al menos 70 por ciento de leche de oveja, mientras que el resto corresponde a leche de cabra.

Buena fuente de proteína
Uno de los principales atractivos del feta es su contenido de proteína. Una porción de una onza proporciona aproximadamente 5.3 gramos, una cantidad interesante considerando que se trata de un alimento que normalmente utilizamos como complemento y no como ingrediente principal de una comida.
La proteína es fundamental para numerosas funciones del organismo, desde el mantenimiento y reparación de tejidos hasta la conservación de la masa muscular. Por eso, añadir pequeñas cantidades de feta a comidas que ya contienen vegetales, cereales integrales o legumbres puede contribuir a construir platos más completos.
Una ensalada con espinacas, garbanzos, pepino, tomate, aceitunas y feta, por ejemplo, puede convertirse en una comida mucho más sustanciosa que una ensalada compuesta únicamente por vegetales.
Cuida tus huesos
El calcio es otro de los grandes argumentos a favor del feta. Una onza aporta alrededor de 140 miligramos de este mineral, una cantidad superior a la que proporcionan el queso mozzarella y el cottage cheese en la misma cantidad. El feta también contiene fósforo, otro mineral importante para mantener una estructura ósea saludable.
Mantener una alimentación que contenga suficiente calcio, junto con actividad física y otros hábitos saludables, forma parte de las estrategias para conservar la densidad ósea y reducir el riesgo de osteoporosis.
Por supuesto, el feta no debería considerarse un tratamiento para prevenir problemas óseos, pero sí puede ser una manera sencilla y deliciosa de incorporar calcio a la alimentación cotidiana.
Salud intestinal
Otra característica del feta es su contenido de microorganismos probióticos. Al tratarse de un queso fermentado, puede contener bacterias beneficiosas que contribuyen al equilibrio de la microbiota intestinal.
Una microbiota diversa y equilibrada está relacionada con diferentes aspectos de la salud digestiva y general. Los microorganismos presentes de manera natural en el feta favorecen un microbioma intestinal equilibrado y contribuyen a una buena digestión.
Esto no significa que comer feta por sí solo vaya a transformar la salud intestinal. Lo importante continúa siendo el patrón general de alimentación, especialmente cuando incluye frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otros alimentos ricos en fibra.
¿Es más fácil de digerir que otros quesos?
Al elaborarse tradicionalmente con leche de oveja o de cabra, y debido a su proceso de elaboración, suele contener menos lactosa que algunos otros quesos, por lo que podría ser buena opción para las personas intolerantes a la lactosa.
Sin embargo, esto no significa que sea completamente libre de lactosa ni que resulte adecuado para todas las personas con intolerancia, por lo que deben tener precaución y comprobar su tolerancia individual.
Vitaminas y minerales
El perfil nutricional del feta va más allá de la proteína y el calcio. Este queso contiene aminoácidos esenciales, vitaminas A, K, B2, B6 y B12, además de minerales como zinc, selenio, calcio y fósforo.
La vitamina B12, por ejemplo, participa en el funcionamiento normal del sistema nervioso y en la formación de glóbulos rojos, mientras que el zinc y el selenio intervienen en diferentes procesos del organismo. El beneficio no está en un solo nutriente, sino en la combinación de varios micronutrientes que aporta el alimento.
¿Cómo consumirlo?
La clásica y deliciosa ensalada griega con tomate, pepino y cebolla morada es apenas el comienzo. Puedes combinarlo con espinacas y nueces, añadirlo a una ensalada de camote con aceitunas o mezclarlo con aguacate y arúgula. También funciona sorprendentemente bien con frutas como melón y sandía, donde su sabor salado crea un contraste interesante con la dulzura natural de la fruta.
En platos calientes también tiene muchas posibilidades. Puedes desmoronarlo sobre pasta, arroz, cuscús, quinoa o ensaladas de cebada. También puede incorporarse a una quiche, una pizza, un pan plano o incluso a unos huevos revueltos para añadir sabor y proteína.

Desayunos y snacks
El feta tampoco tiene que estar reservado para la comida o la cena. Una tostada de pan integral de masa madre con aguacate, tomate, aceite de oliva, orégano y feta puede convertirse en un desayuno completo y lleno de sabor.
Otra posibilidad es añadirlo a una tortilla de huevo con espinacas o mezclarlo con papas machacadas. Para una opción más ligera, puede utilizarse en un dip con hierbas frescas, aceite de oliva, tomates secos y un toque de salsa picante, acompañado de verduras crudas.
Todo con medida
Que el feta tenga beneficios nutricionales no significa que sea necesario consumir grandes cantidades todos los días. Su principal desventaja es precisamente una de las características que lo hacen tan sabroso: contiene bastante sodio. Una onza aporta aproximadamente 312 miligramos.
Por eso, si tienes hipertensión o necesitas seguir una alimentación baja en sodio, es importante moderar su consumo y prestar atención a la cantidad. Además, aunque aporta menos calorías que muchos quesos curados, sigue siendo un alimento con grasa y calorías, por lo que las porciones deben formar parte del equilibrio general de la dieta.
También es importante tener precaución durante el embarazo con variedades elaboradas con leche no pasteurizada.
*Imágenes: Getty Images