Mucho más que un aceite corporal, el monoï se ha convertido en uno de esos imprescindibles que transforman cualquier rutina beauty en un pequeño viaje a la Polinesia. Te contamos por qué nunca pasa de moda y cómo sacarle el máximo partido.

Hay aromas que tienen el poder de transportarnos a un lugar concreto en cuestión de segundos. El café recién hecho nos lleva a las mañanas tranquilas, el perfume de la ropa limpia recuerda a casa y el monoï, inevitablemente, sabe a verano.

Basta desenroscar el tapón de un frasco para que aparezcan imágenes de playas infinitas, piel dorada por el sol, cabello salado y atardeceres que parecen no terminar nunca. Pocos ingredientes cosméticos consiguen despertar tantas emociones como este aceite nacido en la Polinesia Francesa, convertido desde hace décadas en uno de los grandes protagonistas de la belleza estival.

Y, sin embargo, el monoï es mucho más que un perfume de vacaciones. El secreto de este aceite se encuentra en una receta tradicional que ha pasado de generación en generación: la maceración de flores de tiaré recién recolectadas en aceite de coco refinado. El resultado es un elixir profundamente nutritivo que aporta suavidad, elasticidad y un brillo satinado tanto a la piel como al cabello. Esa combinación de eficacia y sensorialidad explica por qué, año tras año, regresa a nuestras rutinas cuando suben las temperaturas.

Durante el verano, la piel se enfrenta a un auténtico maratón: radiación solar, sal, cloro, viento y aire acondicionado alteran su equilibrio natural y favorecen la deshidratación. El monoï actúa como un tratamiento reparador que ayuda a restaurar el confort cutáneo, dejando la piel flexible, luminosa y con ese acabado jugoso que parece prolongar el bronceado durante más tiempo.

El cabello también encuentra en este aceite un gran aliado. Aplicado de medios a puntas antes de la playa o utilizado como mascarilla antes del lavado, ayuda a combatir la sequedad provocada por el sol y devuelve suavidad y brillo a la fibra capilar. Es uno de esos rituales sencillos que marcan la diferencia cuando las vacaciones llegan a su fin.

Quizá por eso el monoï nunca pasa de moda. En una época en la que la cosmética apuesta por fórmulas cada vez más sofisticadas, este clásico sigue conquistando gracias a una idea muy simple: cuidar la piel mientras convierte cada aplicación en una experiencia sensorial.

Cómo aplicar el monoï para aprovechar todos sus beneficios

Sobre la piel ligeramente húmeda
Después de la ducha, aplícalo con un suave masaje para sellar la hidratación y potenciar el brillo natural de la piel.

Como tratamiento reparador para el cabello
Distribuye unas gotas de medios a puntas antes del lavado y déjalo actuar durante 20 o 30 minutos para nutrir en profundidad.

Para realzar el bronceado
Una pequeña cantidad sobre clavículas, hombros y piernas aporta un acabado satinado muy favorecedor, especialmente al atardecer.

Como aceite de masaje
Su textura sedosa y su característico aroma convierten cualquier momento de autocuidado en un auténtico ritual de bienestar.

Recuerda que no sustituye al protector solar
El monoï es un tratamiento nutritivo y reparador, pero debe utilizarse siempre junto a un fotoprotector adecuado cuando la piel vaya a exponerse al sol.

productos favoritos para este verano

Si hay un producto que cada verano regresa para seducirnos es el Monoï de Tahití de Yves Rocher que cuenta con Denominación de Origen Protegida (DOP), lo que garantiza su autenticidad, su calidad y su producción local basada en la tradición. La Flor de Tiaré se cultiva orgánicamente y se recoge a mano antes de ser macerada en aceite de coco, también producido en Tahití. El Monoï de Tahití puro es conocido por sus propiedades nutritivas e hidratantes y se elabora utilizando la icónica Flor de Tiaré certificada por la UEBT (Unión para el Biocomercio Ético).

Nuestro favorito verano tras verano es el Aceite Dorado Hidratante, un aceite nacarado para una piel intensamente hidratada y delicadamente satinada, enriquecido con Monoi de Tahiti (2%) y con finos nácares, y una textura ligera que se funde sobre la piel y revela un irresistible aroma de verano.

Su precio es de 14,99 euros 

Este verano además llegan dos nuevos productos: el gel de ducha sólido y un jabón de manos líquido. El nuevo Gel de Ducha Sólido Monoï de Yves Rocher transforma la ducha diaria en un viaje sensorial inspirado en la Polinesia sin residuos, sin sulfatos y con una espuma ultra cremosa, apostando por la sostenibilidad sin renunciar al placer.

Su precio es de 7,99 euros en Yves Rocher

La otra novedades es el Jabón de Manos Líquido con una suave base limpiadora 100% de origen vegetal, que limpia suavemente la piel y respeta su hidratación natural gracias a su fórmula sin sulfatos.

Cada verano aparecen nuevos activos, texturas innovadoras y productos virales. Pero pocos consiguen lo que hace el monoï desde hace décadas: cuidar la piel, envolverla en un aroma inolvidable y recordarnos, con cada aplicación, que el verano también puede quedarse a vivir en nuestra rutina beauty.

*Imágenes: cortesía