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Pekín no es una ciudad que se revele de golpe. Es monumental, extensa, política, ceremonial, moderna y, a ratos, abrumadora. Una ciudad donde puedes empezar la mañana caminando entre los patios imperiales de la Ciudad Prohibida, continuar entre templos, lagos y hutongs, y terminar el día cenando entre rascacielos, con una de las siluetas urbanas más impactantes de China al otro lado del cristal. ¿Qué ver y hacer en Pekín? Esta es nuestra guía de viaje.
1. Dormir en el Park Hyatt Beijing, una pausa en vertical sobre la ciudad
Una base elevada para entender Pekín
En Pekín, donde las distancias son largas, las visitas pueden ser intensas y la ciudad tiene una escala casi monumental, elegir bien la base cambia mucho la experiencia. Por eso, el hotel Park Hyatt Beijing tiene sentido dentro de este viaje: no tanto como un hotel que compite con la ciudad, sino como un lugar desde el que Pekín se observa de otra manera.

El Pekín financiero visto desde las alturas
El hotel ocupa parte del Beijing Yintai Centre, en pleno Central Business District, sobre Chang’an Avenue y frente a algunos de los edificios más reconocibles del Pekín contemporáneo. Esa ubicación ya marca el tono. No estás en el Pekín de los hutongs ni en el de los palacios imperiales, sino en esa versión financiera, arquitectónica y sobredimensionada de la capital china, donde las torres parecen construidas a otra escala.

Desde nuestra habitación, en la planta 60, vemos el skyline moderno de la ciudad y el edificio de CCTV, una de esas obras de arquitectura que cuesta entender incluso cuando la tienes delante. Con la niebla tan habitual de Pekín, la sensación es todavía más extraña y más bonita: como si el hotel flotara entre rascacielos, suspendido en una capa blanca entre la ciudad y el cielo.
El lobby de la planta 63: silencio, amplitud y cielo
Esa impresión continúa al llegar al lobby, situado en la planta 63. Hay algo muy particular en ese primer momento: amplitud, altura, silencio, luz, líneas limpias, mucho cristal y esa sensación de estar por encima del ritmo de la calle.

El espacio es contemporáneo y muy depurado, pero no frío en el sentido incómodo de la palabra. Más bien funciona como una especie de pausa visual. En una ciudad tan densa como Pekín, subir hasta ese lobby y encontrarse de repente rodeado de cielo y edificios tiene algo casi cinematográfico.
Habitaciones: intimidad frente a la escala de la ciudad
El diseño del hotel juega precisamente con ese contraste entre la gran escala de la ciudad y una idea más íntima de residencia. Las habitaciones, recientemente rediseñadas con inspiración en la arquitectura tradicional de patios, van de los 45 a los 240 metros cuadrados y buscan esa elegancia discreta tan propia de Park Hyatt: tonos suaves, maderas, silencio, distribución cómoda, grandes ventanales y baños con espíritu de spa, bañera profunda, ducha efecto lluvia y suelo radiante.

Impacta (y funciona muy bien) el contraste entre las zonas comunes, más abiertas y elevadas, y los pasillos y habitaciones, que se sienten mucho más recogidos, zen y envolventes. Después de un día de Pekín, esa sensación de habitación arropadora importa.

Arte chino contemporáneo y detalles silenciosos
Otro detalle interesante del hotel es su relación con el arte. No aparece como decoración añadida, sino como parte de su identidad. En el lobby de la planta 63 se encuentra “Yi Jiangnan”, una pieza inspirada en la poesía, el paisaje y la música tradicional china, y en distintas zonas del hotel aparecen trabajos en laca, esculturas y símbolos vinculados a la cultura local.
China Grill: cenar sobre Pekín
La gastronomía también tiene un papel importante, sobre todo porque el hotel vive en altura. China Grill, en la planta 66, es todo un acierto. Es un restaurante amplio, con vistas de 360 grados sobre la ciudad, y esa mezcla tan china de carta extensa, muchas especialidades, producto cuidado y una propuesta que combina carnes al grill con platos de pescado y cocina internacional.

Cenando allí, con Pekín iluminado alrededor, se entiende muy bien la personalidad del hotel: no es un refugio tradicional ni un hotel de palacio, sino una base urbana, elevada y contemporánea. El chef, de origen chileno y con mucho recorrido culinario, aporta además una lectura interesante a una carta que podría parecer demasiado amplia a primera vista, pero que funciona precisamente por esa variedad tan propia de muchos grandes restaurantes en China.
Desayuno, China Bar y Dining Room
El mismo espacio acoge también el desayuno, correcto, bien servido y cómodo para empezar el día sin complicaciones antes de salir a recorrer la ciudad. En la planta 65, China Bar completa esa parte más nocturna del hotel, con música en vivo, vinos y cócteles entre las nubes, mientras que Dining Room, en la planta 63, se centra en cocina china refinada, afternoon tea de temporada y té Kung Fu artesanal con vistas a Chang’an Avenue.

El otro Pekín
Park Hyatt Beijing es un hotel que, de entrada, podría asociarse al viajero de negocios. Y es verdad que esa energía está presente: ejecutivos, reuniones, trajes, desayunos tempranos, una ubicación muy conectada con el distrito financiero. Pero reducirlo a eso sería quedarse corto.

Lo interesante del hotel es que permite vivir una cara muy concreta de Pekín: la de las alturas, las torres imposibles, las avenidas enormes y esa modernidad china que impresiona precisamente porque convive, a pocos kilómetros, con templos, palacios y hutongs. Después de pasar el día entre historia imperial, calles tradicionales y visitas monumentales, volver a esta especie de residencia suspendida sobre el CBD crea un contraste muy potente. Y quizá ahí está una de las claves del viaje: entender que Pekín no es solo su pasado, sino también esa versión vertical, ambiciosa y casi futurista que se ve desde las ventanas del Park Hyatt.
2. La Ciudad Prohibida: el corazón imperial de Pekín
Cualquier primer viaje a Pekín debería pasar por la Ciudad Prohibida. No solo porque sea uno de los grandes iconos de China, sino porque ayuda a entender la escala, la solemnidad y la carga simbólica de la capital. Durante siglos, este enorme complejo palaciego fue el centro del poder imperial chino. Hoy, recorrer sus patios, puertas monumentales, pabellones y ejes ceremoniales sigue siendo una de las experiencias más impactantes de la ciudad.

Conviene reservar la entrada con antelación, llegar con tiempo y, si es posible, hacerlo con un buen guía que ayude a leer lo que aparentemente son solo muros, tejados y patios sucesivos.
Uno de los mejores consejos es no terminar la visita dentro del recinto, sino continuar hacia Jingshan Park, justo al norte. Desde su colina se obtiene una de las vistas más especiales de Pekín: los tejados dorados del antiguo palacio imperial extendiéndose en perfecta simetría, con la ciudad moderna al fondo.
2. El Templo del Cielo: la belleza ceremonial de la ciudad
El Templo del Cielo es otra de las grandes visitas imprescindibles de Pekín, pero su experiencia es muy diferente a la de la Ciudad Prohibida. Aquí la ciudad se siente más abierta, más verde y más cotidiana. Antes de llegar a los grandes pabellones, es habitual cruzarse con vecinos haciendo tai chi, bailando, jugando a las cartas o practicando caligrafía con agua en el suelo.

Esa mezcla entre monumentalidad imperial y vida local es precisamente lo que hace que el Templo del Cielo sea tan especial. Su estructura más reconocible, la Sala de Oración por las Buenas Cosechas, es una de las imágenes más fotogénicas de Pekín: circular, proporcionada, elevada sobre una gran plataforma de mármol y coronada por tejados azules. Más allá de la foto, es una visita que merece hacerse sin prisa. Aquí los emperadores acudían para realizar ceremonias vinculadas al cielo, las cosechas y el equilibrio entre el poder terrenal y el orden cósmico. Para entender el Pekín más ceremonial, este lugar es fundamental.
3. El Palacio de Verano: el Pekín imperial más pausado
Si la Ciudad Prohibida representa el poder y el Templo del Cielo la ceremonia, el Palacio de Verano muestra una cara más contemplativa del Pekín imperial. Situado al noroeste de la ciudad, este enorme conjunto de jardines, pabellones, pasarelas, colinas y lagos fue concebido como lugar de descanso para la corte.

La experiencia aquí es menos densa y más escénica. El lago Kunming, los puentes, las galerías pintadas, los barcos y las vistas desde la Colina de la Longevidad convierten la visita en uno de los momentos más agradables del viaje, especialmente si se plantea con calma.
El Palacio de Verano requiere tiempo. No es un lugar para encajar deprisa después de una mañana agotadora en otro gran monumento. Lo ideal es dedicarle varias horas, caminar junto al lago, detenerse en los pabellones y dejar que la visita tenga un ritmo más pausado.
4. La Gran Muralla en Mutianyu: una excursión imprescindible desde Pekín
Ver la Gran Muralla es, para muchos viajeros, uno de los grandes motivos para viajar a Pekín. Y aunque existen diferentes tramos que se pueden visitar desde la capital, Mutianyu suele ser una de las opciones más recomendables para un primer viaje.
Esta sección combina varios elementos importantes: está restaurada, es relativamente accesible desde Pekín, ofrece paisajes espectaculares y permite caminar sobre la muralla sin que el esfuerzo logístico sea excesivo. Aun así, conviene plantearla como una excursión de día completo o, al menos, como una jornada que no debería llenarse con demasiadas actividades adicionales.

Lo más cómodo es ir con coche privado y conductor, especialmente si se busca una experiencia fluida y sin pérdidas de tiempo. Una vez allí, se puede subir en teleférico o chairlift y caminar por distintos tramos según el nivel de energía y el tiempo disponible.
5. Shichahai, Houhai y los hutongs: perderse por el Pekín más tradicional
Uno de los grandes placeres de Pekín está en caminar sin una ruta demasiado rígida por sus zonas históricas. Y para eso, el área de Shichahai es una de las más agradables. Alrededor de sus lagos (especialmente Houhai y Qianhai) se despliega un entramado de hutongs, callejones tradicionales, pequeñas tiendas, cafés, casas bajas, bicicletas, restaurantes y escenas cotidianas que muestran otra escala de la ciudad.
Esta zona permite combinar varios puntos de interés en una misma ruta: las Torres del Tambor y de la Campana, Yandai Xiejie, los alrededores de Houhai y, si se quiere una zona más animada y comercial, Nanluoguxiang. No es una visita monumental en el sentido clásico, sino una experiencia de paseo.

También es una buena zona para probar uno de esos pequeños placeres locales que hacen que un viaje se recuerde de otra manera: el yogur tradicional de Pekín, conocido muchas veces como Old Beijing yogurt, o algunas versiones más cremosas tipo milk skin yogurt. Tomarlo mientras se camina por los hutongs tiene algo de ritual sencillo, local y delicioso.
6. Qianmen: historia, comercio y paseo urbano
Qianmen es una de esas zonas que ayudan a conectar distintas capas de Pekín en una misma caminata. Situada al sur de Tian’anmen, conserva una estética histórica muy reconocible y combina arquitectura tradicional, comercios, restaurantes, tiendas centenarias y una versión más ordenada del Pekín clásico.

Qianmen también es un buen lugar para acercarse a algunos clásicos gastronómicos de la ciudad, desde restaurantes históricos hasta snacks tradicionales. No necesariamente es la zona más sofisticada de Pekín, pero sí una de las más útiles para entender cómo la ciudad reconstruye, conserva y reinterpreta su propia memoria urbana.
7. Sanlitun: el Pekín más moderno y cosmopolita
Después de varios días entre templos, palacios, murallas y hutongs, Sanlitun aparece como el otro lado de Pekín. Es la zona de boutiques, concept stores, cafés, restaurantes internacionales, terrazas, vida nocturna y una energía mucho más cosmopolita.

Incluir Sanlitun en un viaje a Pekín es importante precisamente por contraste. Porque la ciudad no es solo imperial ni solemne. También es contemporánea, creativa, consumidora, estética y global. En Sanlitun se percibe ese Pekín que mira hacia fuera, donde conviven marcas internacionales, diseñadores chinos, restaurantes de moda, expatriados, jóvenes locales y una escena urbana muy distinta a la de los barrios históricos. Es una zona especialmente agradable para una tarde más ligera, para ir de compras, tomar café, cenar bien o simplemente cambiar de registro después de varias visitas culturales. En un buen itinerario, Sanlitun no sustituye al Pekín tradicional, pero lo completa.