Moda
Deva Activewear surge en Palma de Mallorca en 2023, pero su origen es anterior. Durante más de quince años, su fundadora, Victoria Rosselló, construyó su relación con el movimiento desde la disciplina del ashtanga yoga. Primero como alumna, después como profesora y, más tarde, como fundadora de su propio estudio. La ropa formaba parte de esa experiencia diaria, pero nunca terminaba de estar a la altura.
“Había probado todo tipo de marcas. O la tela era demasiado gruesa o demasiado fina, o tenía que estar recolocándome la ropa constantemente y perdía la concentración. No encontraba un equilibrio.” Ese equilibrio —entre sujeción y ligereza, entre estabilidad y libertad— fue el punto de partida de la marca. No como tendencia, sino como respuesta a una necesidad muy concreta: crear prendas pensadas desde la práctica real, diseñadas para acompañar el movimiento sin interferir en él.

Cuerpo: El equilibrio como punto de partida
Lo que Victoria buscaba era una prenda más precisa. Después de años practicando a diario, entendía que en disciplinas como el ashtanga cada detalle cuenta: la concentración es frágil y cualquier distracción —una costura mal colocada, una cintura que cede, un tejido que no transpira— interrumpe el trabajo interno. “No encontraba un equilibrio”, repite. Y esa palabra resume el punto de partida de Deva.
El equilibrio al que se refiere no es solo estético. Es técnico. Tiene que ver con el gramaje exacto para que una prenda no transparente pero tampoco resulte pesada; con la elasticidad suficiente para acompañar la postura sin perder compresión; con la estabilidad necesaria para que el legging no se desplace en cada transición. Durante el proceso de creación, Victoria aprendió desde cero cuestiones que antes ni siquiera sabía que existían: cómo influye el teñido en la fricción del tejido, por qué ciertos colores se vuelven más delicados, cómo evitar que aparezcan bolas o qué tratamientos pueden afectar a la piel cuando la prenda está en contacto constante y se suda durante horas.

“Se habla mucho de la toxicidad en la comida, poco de la ropa. En el deporte la tela está pegada al cuerpo, cerca de axilas e ingles, y sudamos. Creo que deberíamos ser más conscientes de eso.”
En esa búsqueda decidió apostar por tejidos reciclados y desmontar uno de los prejuicios más extendidos en el sector. “Los tejidos reciclados pasan por más controles y auditorías que los convencionales. Vienen de residuos recuperados, se regeneran y se convierten en hilo. Hay que validar la pureza, el rendimiento… pasan por muchos más procesos.”


Producir con intención
Si el tejido fue el punto de partida, la coherencia vino después. Para Victoria, hablar de sostenibilidad no tenía sentido si no implicaba decisiones concretas. Desde el principio optó por producciones pequeñas, aun sabiendo que eso supondría quedarse sin stock en más de una ocasión. “Menos es más”, resume. Prefiere asumir prendas agotadas antes que fabricar en exceso.
La transparencia también forma parte del proceso. “No quiero vender algo que no es, ni engañar a nadie.” En un sector donde el discurso sostenible a menudo se queda en la superficie, Deva ha ido ajustando su producción paso a paso.
Uno de los cambios más exigentes fue el traslado de la fabricación a Portugal. “Ha sido como empezar desde cero. Buscar una fábrica que me inspire confianza, visitarla, elegir las telas, aprobar todas las muestras…” El proceso implicó retrasos y falta de stock, pero también una mejora en la calidad final y una reducción del impacto asociado al transporte.

La conciencia social no es una estrategia reciente. Victoria ha viajado y vivido temporadas en Asia, una experiencia que marcó su manera de entender la industria textil. “Cuando alguien me dice que ha comprado una camiseta por 3 euros, pienso en todo lo que hay detrás: la tela, la confección, los hilos, el sueldo de quien la hace. Puedes imaginar cuáles son esas condiciones.”
Para ella, el precio nunca puede desligarse del proceso. Y esa mirada atraviesa la marca tanto como el patrón o el tejido.
Escuchar el cuerpo
Con el paso de los años, la manera en que Victoria se relaciona con el movimiento también ha cambiado. La práctica del ashtanga —exigente, física, repetitiva— le enseñó algo que hoy atraviesa toda la marca: saber cuándo parar.
“He aprendido a escuchar mucho mi cuerpo, a no cruzar límites físicos que sé que al día siguiente puedo lamentar. Es mejor menos posturas, pero de mayor calidad, que muchas mal hechas.”

Esa idea de calidad frente a cantidad se trasladó casi de forma natural a Deva. Más que lanzar colecciones constantes, la marca trabaja sobre patrones que se perfeccionan, se prueban y se ajustan hasta encontrar el punto exacto. Antes de aprobar una prenda, Victoria la utiliza durante semanas y la hace probar a cuerpos distintos al suyo. Si algo no funciona, no sale. “No quiero sacar algo antes de tiempo. Prefiero seguir explorándolo hasta que esté realmente bien.”
La mujer que elige Deva, explica, suele compartir esa misma mirada. No compra por impulso ni persigue la novedad constante. Es alguien que aprecia la calidad por encima del precio, que busca líneas simples y atemporales y que tiene una conciencia clara sobre el impacto de lo que consume.
Y cuando se pone una prenda por primera vez, el objetivo no es solo que se ajuste bien: “Quiero que sienta comodidad y adaptabilidad, y que se vea guapa y estilizada.” Dentro de diez años, cuando alguien hable de Deva Activewear, Victoria no menciona expansión ni cifras. Su deseo es más sencillo y, quizá, más difícil de sostener: “Que Deva siga fiel a sus principios.”

En un sector que se mueve rápido, donde las tendencias cambian al ritmo de las redes y el activewear se confunde a menudo con moda efímera, Deva propone algo menos ruidoso y más difícil de sostener: constancia. Constancia en la calidad, en el proceso y en la coherencia.
Quizá por eso la marca no habla de crecimiento acelerado ni de expansión inmediata, sino de fidelidad. A una forma de producir, a una manera de entender el cuerpo y a una idea muy concreta de lo que significa vestir el movimiento: que la prenda acompañe, no distraiga. Que dure. Y que, con el tiempo, siga teniendo sentido.
*Imágenes: cortesía