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Aquí tienes el artículo escrito desde cero, con tono cultural-editorial Grazia, mirada de Diez ediciones después, el Max Mara Art Prize for Women no solo celebra su legado: abre una nueva etapa. Más ambiciosa, más internacional y profundamente alineada con el momento cultural actual. Coincidiendo con su décimo aniversario, el premio inicia una fase nómada que lo llevará a viajar por distintos países en cada edición, ampliando el diálogo cultural y reforzando su compromiso con el impulso estructural del talento femenino en el arte contemporáneo.
Un movimiento que no es solo simbólico, sino estratégico.
De Londres al mundo: el inicio de una nueva era
Creado en 2005 por Max Mara junto a Collezione Maramotti, el premio se consolidó durante dos décadas como una de las plataformas más sólidas de apoyo a mujeres artistas en un momento clave de sus carreras. Hasta ahora, su eje había estado ligado al Reino Unido gracias a una estrecha colaboración con la Whitechapel Gallery, socio fundamental en su desarrollo y proyección.
Esta décima edición marca el cierre de esa etapa histórica —con un agradecimiento explícito a la labor de Whitechapel Gallery— y el comienzo de un nuevo capítulo que entiende el arte contemporáneo como un ecosistema global, no centrado en un único eje geográfico.
Coincidiendo con este aniversario, el premio, creado en 2005 por Max Mara y la Collezione Maramotti adopta un formato nómada e internacional, viajando a un país distinto en cada edición con el objetivo de ampliar el diálogo cultural y reforzar su compromiso con el apoyo estructural a artistas mujeres en momentos clave de sus carreras.

Indonesia como punto de partida
La nueva fase del premio arranca en Asia, concretamente en Indonesia, de la mano de Museum MACAN (Museum of Modern and Contemporary Art in Nusantara), con sede en Yakarta. Un debut significativo que subraya una idea clave: la innovación artística no pertenece exclusivamente a Occidente.
Este primer destino no es casual. Museum MACAN se ha consolidado como una de las instituciones más relevantes del Sudeste Asiático, con una programación que conecta prácticas locales e internacionales y una clara vocación educativa y pública.
Cecilia Alemani: una mirada curatorial con vocación global
La nueva etapa del premio estará liderada por Cecilia Alemani, directora y curadora jefe de High Line Art en Nueva York, quien asume la curaduría general y la presidencia del jurado. Alemani será la encargada de seleccionar en cada edición tanto el país como la institución asociada, construyendo un mapa cultural cambiante que responda a las dinámicas contemporáneas del arte.

Su enfoque convierte el premio en algo más que un reconocimiento: una herramienta de diplomacia cultural, capaz de tender puentes entre contextos, tradiciones y generaciones de artistas.
El jurado de esta edición, presidido por Cecilia Alemani, estará compuesto por la directora del Museo MACAN, Venus Lau; la curadora Amanda Ariawan; la galerista Megan Arlin; la coleccionista Evelyn Halim; y la artista Melati Suryodarmo.
Un premio que mantiene su esencia
A pesar del cambio de formato, el Max Mara Art Prize for Women conserva aquello que lo ha hecho único desde su creación. La artista ganadora seguirá disfrutando de una residencia de seis meses en Italia, concebida como un espacio de investigación profunda y creación de un nuevo proyecto.
Ese trabajo se presentará posteriormente en dos sedes: la institución asociada de la edición correspondiente y la Collezione Maramotti. Un modelo que prioriza el tiempo, el acompañamiento y el desarrollo real de la práctica artística frente a la lógica de la inmediatez.
Diez ediciones, un legado sólido
Desde su fundación, el premio ha impulsado carreras que hoy forman parte del relato central del arte contemporáneo internacional. Artistas como Laure Prouvost, Helen Cammock o Emma Talbot encontraron en este premio no solo visibilidad, sino estructura y confianza para dar un salto decisivo en sus trayectorias.
Con esta décima edición, el Max Mara Art Prize for Women no solo celebra lo conseguido: reafirma su vocación de futuro. En un momento en el que el sistema artístico se cuestiona sus centros de poder, este nuevo formato nómada se presenta como una respuesta coherente, valiente y necesaria.

Porque apoyar el talento femenino hoy ya no es solo una cuestión de reconocimiento. Es, sobre todo, una forma de imaginar un mapa cultural más justo, diverso y verdaderamente global.
*Imágenes: cortesía