El núcleo emocional de esta colección se me reveló en octubre del año pasado, mientras me encontraba en un retiro creativo a las afueras de Roma. Una tarde, organicé una visita de última hora para ver la Capilla Sixtina.

Si has estado allí, sabrás que lo primero que se ve no es el techo, sino las paredes, densamente pintadas por un ejército de artistas en los años previos a que Miguel Ángel comenzara su obra en 1508. Están decoradas con escenas eclesiásticas: imágenes destinadas para narrar, para educar.

Pero al levantar la vista hacia el cielo, el pensamiento se detiene. Comienza la sensación. Eso se debe a que, cuarenta años después, llegó un hombre que, sólo por sí mismo, cambió el arte para siempre, presentando una imaginación salvaje, visualmente bulliciosa, vulnerable y romántica de Dios, la religión, la fe y la condición humana. Aquí se entremezclan la agonía y el éxtasis, lo terrible y lo exquisito. No nos dijo que había sucedido, sino que le dio a su público permiso para sentir al contemplar el arte.


Despertó al mundo. Y 500 años después, también me despertó a mí. Por primera vez en años, dejé de pensar en cómo debería verse algo, y empecé a pensar en cómo me sentía al crearlo. Eso fue todo. El latido emocional de esta temporada dejó de ser cómo era, y pasó a ser cómo nos sentíamos al crearlo. Qué alivio fue aquello. Qué revelación.

Esa revelación impregnó cada parte de esta colección. Los trazos afilados y los garabatos rápidos se convirtieron en colas de escorpión. Dibujé aguijones y dientes de serpiente, arquetipos quiméricos de la alta costura con veneno entretejido en sus propias siluetas. Sabía que estas criaturas reptilianas y arácnidas, estas «infantas terribles», como yo las llamaba, se convertirían en las protagonistas de la colección, nuestro techo: serían aves en pleno vuelo, desafiando la gravedad, atrevidas en el color, explosivas en la silueta.

La alta costura no existe sin estructura, sin el rigor y las reglas de sus propias tradiciones. Pero dentro de ese marco, corresponde al diseñador encontrar la libertad, llevar las reglas del medio hasta sus límites absolutos. Sin embargo, esta colección no es solo un avance o un acto de soltarse; es una celebración de la profundidad de la habilidad y el talento de nuestros talleres, todos trabajando al máximo de sus capacidades técnicas e imaginativas. El encaje cortado a mano se realiza en bajorrelieve para darle un efecto 3D, creando profundidad y sombras. Las plumas, tanto reales como ramos de seda trampantojo, están pintadas a mano, aerografiadas o sumergidas en resina y cristales. Capas de tul neón se superponen bajo el encaje para darles un efecto sfumato.

Cada look tiene un «gancho» o un nombre, como «Isabella Blowfish», un increíble traje de falda con capas de tul y organza, salpicado con sombras de cristales en colores de pez globo y rematado con puntas de organza. La colección se inspira en los colores de las aves del paraíso, rosas, azules, azafrán, que encuentran su máxima expresión en una de nuestras chaquetas más fantásticas hasta la fecha.

Los accesorios de la colección están repletos de cabezas de pájaros artificiales, esculturas realizadas con plumas de seda, con picos de resina y ojos de cabujones de perlas, en homenaje a la naturaleza y toda su majestuosidad (ningún ave ha sufrido daños durante la elaboración de estas piezas). Son fantasías, sí, pero también aluden a la famosa fascinación de Elsa por el mundo animal, en particular por las criaturas del mar y del cielo. ¿Quién podría olvidar su interés por la langosta, la criatura escamosa por excelencia y un animal indeleblemente asociado a la Maison que ella creó? Junto con su característico amor por la vida salvaje, también hay guiños a las iconografías que hizo suyas, sobre todo la cerradura, ese portal al misterio.

Mucha gente me pregunta cuál es el sentido de la alta costura. Desde luego, no es crear ropa para la vida cotidiana. Pero para mí, la alta costura me permite conectar con el adolescente esperanzado que fui, el que decidió no dedicarse a la medicina, las finanzas o el derecho, sino perseguir esa fantasía singular que la moda aún puede proporcionar. Que el resto del año se ocupe de la realidad, en la moda o en cualquier otro ámbito. Pero nada es más poderoso, ni más atemporal, ni, para mí, más actual, que dar rienda suelta a mi imaginación… y, espero, a la vuestra. La alta costura es una invitación. Deja de pensar, te dice. Es hora de sentir. Solo tienes que mirar hacia arriba.

*Imágenes: cortesía