Moda
Pocas imágenes en la historia de la moda son tan reconocibles —y tan poderosas— como el Monogram de Louis Vuitton. En 2026, la Maison celebra 130 años de este motivo legendario que nació como una solución práctica y terminó convirtiéndose en uno de los códigos visuales más influyentes del lujo contemporáneo. No es solo un estampado: es una firma, una herencia y una idea de modernidad que sigue viajando a través del tiempo.
Creado en 1896 por Georges Vuitton como homenaje a su padre, Louis —visionario fundador de la Maison—, el Monogram surgió en un contexto de innovación y necesidad: proteger la autenticidad de los baúles frente a las imitaciones y, al mismo tiempo, dotarlos de una identidad única. Lo que empezó como una patente se transformó en un lenguaje universal del lujo.

Un motivo nacido del arte y la cultura
El Monogram es fruto de su tiempo y, a la vez, atemporal. Georges Vuitton se inspiró en la ornamentación neogótica europea y en el japonismo que impregnaba el París de finales del siglo XIX. Las iniciales LV entrelazadas, las flores de cuatro pétalos y los medallones geométricos no solo decoraban: construían un relato visual de elegancia, equilibrio y modernidad.

De los baúles al armario global
Antes de conquistar bolsos y accesorios, el Monogram vivió sobre baúles diseñados para viajar. Con la llegada del canvas flexible en 1959, la Maison dio un paso decisivo: el Monogram dejó atrás la rigidez del equipaje tradicional y se adaptó a una nueva vida urbana, más ligera y dinámica.

Así nacieron iconos que hoy forman parte del imaginario colectivo del lujo:
- Speedy (1930), símbolo de movilidad moderna
- Keepall (1930), libertad en forma de bolsa
- Noé (1932), ingenio pensado para transportar champán
- Alma (1992), elegancia arquitectónica parisina
- Neverfull (2007), la compañera definitiva del día a día

Cada uno de ellos demuestra que el Monogram no es estático: evoluciona con las formas de vivir, moverse y viajar.

130 años de innovación técnica
Lejos de ser solo decorativo, el Monogram ha sido también un laboratorio técnico. Desde el primer canvas tejido en jacquard en 1896, pasando por la técnica del pochoir a principios del siglo XX, hasta los avances que lo hicieron más ligero, resistente e impermeable, el Monogram ha acompañado la evolución del savoir-faire de la Maison.
Cada innovación reforzó una idea clave: el lujo debía ser bello, pero también funcional y duradero.

Un lienzo creativo para artistas y directores creativos
A lo largo de su historia, el Monogram ha dialogado con algunas de las mentes creativas más influyentes del arte y la moda. Desde Marc Jacobs hasta Nicolas Ghesquière, pasando por Virgil Abloh y Pharrell Williams, el motivo ha sido reinterpretado sin perder su esencia.
También se ha convertido en un canvas artístico para colaboraciones históricas: Takashi Murakami, Yayoi Kusama, Richard Prince o Jeff Koons han demostrado que el Monogram puede ser clásico y radical a la vez.

Las colecciones del aniversario: pasado, presente y futuro
Para celebrar este aniversario, Louis Vuitton despliega durante todo 2026 una serie de colecciones cápsula y ediciones especiales que revisitan el Monogram desde distintos ángulos:
Monogram Origine
Un homenaje al motivo original de 1896, reinterpretado en un nuevo canvas jacquard de lino y algodón, en tonos pastel suaves inspirados en archivos históricos de la Maison.

Time Trunk
Una colección que conecta pasado y presente mediante un estampado trompe-l’œil que reproduce los baúles históricos de Louis Vuitton, convirtiendo la herencia en una ilusión contemporánea.

A los 130 años, el Monogram no mira atrás con nostalgia, sino con confianza. Sigue siendo un símbolo de identidad, viaje, cultura y transmisión. Un código que ha sabido adaptarse a cada época sin perder su alma.
VVN
Una oda a la piel natural, al paso del tiempo y al legado de marroquinería de la maison. Bolsos confeccionados en cuero sin tratar que desarrollan una pátina única, celebrando la belleza de lo vivido.

El Monogram de Louis Vuitton no es una tendencia ni un logotipo: es una forma de entender el lujo como viaje permanente. Un motivo que ha cruzado siglos, continentes y disciplinas sin dejar de ser reconocible. Y quizá ahí radique su verdadera modernidad: en recordar que el lujo, como el viaje, no es un destino, sino un camino que se recorre con estilo.

*Imágenes: cortesía